martes, 21 de junio de 2011

Deseos de cosas imposibles


Cuando era una macaca de menos de un metro me cogí la mayor pataleta de mi vida abrazada a uno de estos bolardos.

Lloré y lloré porque mi padre y mi tío no querían arrancar uno del suelo y llevármelo a casa para jugar.

Creo que ese día en que me quedé con la pataleta y sin "mi pumba"* empecé a hacerme vieja, porque fui consciente de que hay deseos que nunca se cumplen.

* (Es lógico, si me tiraban la pelota y me decían "pumba", ¿cómo iba a pensar yo que se llamaba?)

3 comentarios:

  1. ojalá que "¡pumba!" y se te cumplan siempre todos tus deseos

    ResponderEliminar
  2. La verdad es que es una anécdota genial. Si algún día me la contaste en nuestro sofá verde mirando la máquina expendedora... no me acuerdo pero me acabas de alegrar el día. Tendrás muchos 'pumbas' en tu vida, ya verás.

    pd. para cuando otra quedada en la noche?

    ResponderEliminar