miércoles, 8 de abril de 2009

Cordura

El primer ministro de una país en el que acaban de morir más de 280 personas, un tal Silvio Berlusconi, pide a sus ciudadanos que se tomen el tema como un camping de fin de semana.

Sí, llevan ustedes, 50.000 seres humanos que duermen desde hace tres días en la calle bajo el frío y la lluvia, o en tiendas de campaña y polideportivos porque se han quedado sin casa e incluso sin familia. Pero no se lo tomen tan a pecho. Háganse la idea de que la tienda de campaña está en una playa de la Toscana y que los víveres que les repartimos y se comen sentados en el suelo es un picnic veraniego.

Por lo de reconstruir la ciudad no se preocupen, que ya me encargo yo de pedirle al amigo bronceado Obama -coindidimos habitualmente en el solarium- que me dé una ayudita para volver a levantar todo el patrimonio histórico, que es lo que trae 'la pela'.

Además, hay que limpiar todo esto, que nunca falta quien haga leña del árbol caído, y los buitres ya han empezado a buscar tesoros entre la carroña; joyas y cuatro euros con polvo y olor a muerte.

Aquí en España también tenemos nuestras perlas. Nuestros 'cerebros fugados', estudiantes erasmus cuyo patriotismo llega a tal extremo que piensan que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado gestionan un terremoto en el que se abre el suelo como si fuese de barro seco con la misma calma y perfección que guían la Cabalgata de Reyes. Porque en Italia era todo un descontrol y una desorganización, allí no volvemos ''ni de coña''.

Y mirando al contador de muertos que aumenta la cifra de las decenas a un ritmo espectacular me pregunto si quedará cordura en este mundo.

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