sábado, 14 de febrero de 2009

No sin mis sábanas

Creo que me hice adulta el día que empecé a escoger mis sábanas. Puede parecer absurdo, pero de pequeña mi madre me compraba esas sábanas de franela con florecitas 'estilo abuela'. Hasta que un día le dije que mis problemas de imsonio debían de venir de las dichosas flores, que su color me estresaba, o que era flores de té, teína en potencia para mi subconsciente.

Convencida de que si no me renovaba el 'ajuar sabanil' mi salud mental iba a correr más peligros de los habituales, cierto día mi progenitora decidió qu ya era hora de que yo solita escogiese entre qué estampados quería dormir.

Desde entonces hasta el día de hoy pongo tanto empeño en escogerlas como en comprar mis mejores galas -incluido el episodio 'bueno, bonito y barato'-.

Se lo merecen. Me reciben cada noche venga como venga, de donde venga y con quien venga. No se quejan de pasarse días enteros enroscadas sobre la cama por falta de tiempo para estirarlas.

Y sobre todo son el mayor búnker inventado jamás. Que tire la primera piedra el que nunca se escondió bajo ellas de terrores nocturnos, tapó defectos, lloró en su almohada o decidió hacer de ellas trinchera alguna mañana cuando fuera la calle y el mundo se le hacía demasiado cuesta arriba.

Cuando digo que hay objetos a los que se le coge más cariño que las personas no miento. No se sueña lo mismo durmiendo entre rosas de espinas que entre nubes de colores.

3 comentarios:

  1. aqui, inaugurando los comments... :P
    me parece un tema a recapacitar, sobre todo teniendo en cuenta las horas en las q t escribo... enfin, resacas q van a tener q aguantar mis sabanas... eche o q hay! tes moita razon co artiliño este...!
    un bikiño xikiLLa!

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  2. A mi me gustaban esas verdes que tardaban tan poco en secar... Tú fuiste la que me descubriste las sábanas térmicas :P Y esas fueron la que me arroparon cuando tenía pesadillas con "robbiewilliamitos"

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